
Dialogando con mis vecinos | Cuando la preocupación habla más alto que las palabras
22 de julio de 2026. Hoy recibí varios mensajes de un vecino acompañados de fotografías de coches quemados, espacios públicos deteriorados y calles que reflejaban una imagen que ninguno querríamos para nuestra ciudad. Más allá de las imágenes, percibí algo que considero aún más importante: el cansancio y la frustración de una persona que siente que Telde puede y debe estar mucho mejor.
Durante la conversación me trasladó su malestar por distintas cuestiones, algunas relacionadas con su actividad profesional y otras con el estado general del municipio. También me reprochó no haber estado presente en un acto al que él asistió. Le expliqué, con total sinceridad, que esos días coincidieron numerosos compromisos en distintos barrios de Telde y que, por mucho que uno lo desee, resulta imposible estar físicamente en todos los lugares al mismo tiempo. Afortunadamente, nuestro equipo sí estuvo representado por otros compañeros.
Aproveché también para ofrecerle mi ayuda en aquello que sí está a mi alcance. En su caso, revisar la documentación relacionada con unas facturas pendientes para conocer exactamente cuál es su situación y orientarle con el mayor rigor posible. Porque ayudar también significa ser honesto y no prometer aquello que no depende de uno.
Igualmente, le trasladé una reflexión que considero importante. Ningún profesional debe infravalorar su trabajo. Si una colaboración es altruista, debe hacerse libremente. Pero cuando existe una expectativa profesional o económica, lo responsable es hablarlo con claridad desde el principio. Valorar el propio trabajo también es una forma de hacerse respetar.
Sin embargo, lo verdaderamente importante de aquella conversación no fueron las discrepancias ni los matices. Fue comprobar que detrás de muchas críticas hay vecinos que simplemente desean una ciudad mejor y necesitan sentir que alguien les escucha.
Comparto plenamente esa preocupación. No quiero resignarme a ver calles abandonadas, vehículos calcinados, espacios públicos deteriorados o autónomos y pequeños empresarios que sienten que cada día cuesta más salir adelante. Telde merece mucho más.
Por eso estoy convencido de que recuperar nuestra ciudad exige algo más que resolver incidencias puntuales. Necesitamos una visión de futuro. Un Ayuntamiento que funcione con eficacia, unos servicios públicos a la altura de lo que merecen los vecinos y un verdadero plan de desarrollo económico local que apoye a nuestros autónomos, fortalezca el comercio de proximidad, impulse nuestras zonas industriales y genere nuevas oportunidades de empleo y de inversión.
Escuchar a los vecinos es el primer paso. Transformar esa escucha en propuestas y en soluciones es la verdadera obligación de quienes aspiramos a servir a nuestra ciudad.
Porque cada conversación, incluso las más difíciles, puede convertirse en una oportunidad para construir el Telde que todos queremos.
Quiero terminar con un agradecimiento sincero a todas las personas que, cada día, me escriben, me llaman o se acercan a conversar conmigo en cualquier rincón de Telde. Coincidamos o no en nuestras opiniones, todas esas conversaciones me ayudan a comprender mejor nuestra ciudad y a seguir aprendiendo.
Mi compromiso es el de siempre: mantener la puerta abierta, escuchar con respeto, atender en la medida de mis posibilidades y trabajar con honestidad para que las preocupaciones de hoy se conviertan, poco a poco, en las soluciones del mañana.
Gracias por seguir llenando este cuaderno de ideas, inquietudes y esperanza. Porque el futuro de Telde no se construye desde un despacho, sino escuchando en las calles y de primera mano a quienes la viven cada día.
Añadiremos aquí imágenes de escenas cotidianas de Telde.
